"Es un baile gravitacional": Cómo el Sol y la Luna producen desde el espacio "terremotos lentos" en la Tierra
- Por Megatiempo
El Sol y la Luna pueden generar deformaciones en la corteza terrestre y producir sismos de baja intensidad. Aunque la idea de una influencia astronómica en la actividad tectónica pueda causar inquietud, se trata de “terremotos lentos” o microsismos, un proceso cíclico e inofensivo para los seres humanos.
Así lo explicó el periodista especializado en astronomía de Megatiempo, Matías Ávila, citando en detalle cómo la interacción de estos dos astros influye directamente en la geología del planeta.
¿Por qué el Sol y la Luna generan terremotos en la Tierra?
Los campos gravitatorios del Sol y la Luna se combinan cuando se alinean con un punto específico de la Tierra, debido al movimiento de las órbitas, detalló Ávila. Esta fuerza conjunta de atracción no solo altera las masas de agua, sino que es capaz de facilitar el desplazamiento de las fallas geológicas, como efecto del “estiramiento” del manto y la corteza terrestre.
Estos movimientos inducidos por la gravedad solar y lunar liberan su fuerza de manera paulatina, a diferencia de los terremotos convencionales de gran magnitud, que emanan energía de forma súbita y violenta.



Según Ávila, estos desplazamientos milimétricos o de apenas unos centímetros resultan imperceptibles para los seres humanos y ocurren principalmente a través de un proceso de oscilación bajo la superficie.
¿Cómo el Sol y la Luna producen terremotos en la Tierra?
La Luna ejerce una atracción física que deforma el océano, elevando el nivel del mar en el lado más cercano a ella y, por efecto de la inercia del movimiento terrestre, también en el lado opuesto. Esto genera un ciclo exacto de mareas altas y bajas cada seis horas.
“La deformación que genera el Sol es cerca de la mitad de la que genera la luna, porque está más lejos. A pesar de ser 400 veces más masivo”, comentó Ávila.
Cuando ambos astros se alinean dos veces al mes, sus fuerzas de atracción se conectan y potencian. Esto provoca variaciones en el nivel del mar que oscilan entre 1 y 16 metros según la región geográfica del planeta, e intensifica la presión mecánica sobre la corteza.
Ávila enfatiza que este “baile gravitacional” demuestra la interconexión entre la astronomía, la oceanografía y la sismología, que operan como un engranaje regular que moldea la dinámica de la Tierra sin poner en riesgo la seguridad planetaria.
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