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Muerte celular programada: El devastador impacto del calor y los microplásticos en los peces de la Antártica

Las aguas de la Antártica y el sur de Chile albergan una fauna marina que evolucionó en un aislamiento casi perfecto durante millones de años. Sin embargo, este frágil equilibrio se enfrenta ahora a dos factores de riesgo de origen humano: el calentamiento global y la contaminación por microplásticos, amenazas capaces de provocar el colapso de las defensas celulares de los peces.

Al respecto, un equipo de científicos del Instituto Milenio BASE, la Universidad de Chile y la Universidad Austral lideró un estudio experimental publicado en la revista Environmental Pollution. La investigación analizó la respuesta celular y el microbioma de dos especies de peces: el sapo espinoso antártico (Harpagifer antarcticus) y el diablito de los canales (Harpagifer bispinis).

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¿Cómo afectan el calor y los microplásticos a los peces?

Los científicos expusieron a los ejemplares durante 24 horas a cuatro escenarios: condiciones normales de control, presencia de microplásticos de PVC, aumento de temperatura y una combinación de ambos estresores.

Los resultados revelaron que el impacto simultáneo del calor y el plástico provoca un colapso en las defensas celulares de los peces. “La maquinaria que repara las proteínas dañadas queda completamente sobrepasada”, aseguró Daniela Nualart, coautora del estudio, y detalló que esto genera alteraciones inmediatas en genes vinculados a la protección celular, la degradación de proteínas y la muerte celular programada.

Por su parte, Julieta Orlando, investigadora de la Universidad de Chile, destacó que la respuesta varía según la especie y el tejido analizado (riñón, bazo o intestino). Además, también se evidenciaron alteraciones en el microbioma intestinal de los peces, lo que pone en riesgo sus funciones nutricionales e inmunitarias.

¿Cómo evitar daños ecológicos irreversibles?

Aunque ningún pez murió durante las 24 horas que duró el experimento, las científicas advierten que la supervivencia no significa que el estrés sea gratuito. A largo plazo, este escenario causa un desgaste silencioso. Un organismo que gasta continuamente sus reservas en defenderse del calor y los contaminantes se queda sin recursos para lo esencial.

La consecuencia directa será una reducción en su ventana de tolerancia: los peces comerán mal, sufrirán un crecimiento más lento y dejarán de reproducirse al mismo ritmo, lo que eventualmente podría mermar la abundancia de sus poblaciones.

Los investigadores aseguran que es crucial entender estas alarmantes señales moleculares antes de que se conviertan en daños ecológicos irreversibles y recalcan la urgencia de realizar estudios a largo plazo para evaluar la verdadera capacidad de recuperación de la fauna en los ecosistemas más australes del planeta.

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