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Apagar la "Puerta del Infierno" podría empeorar la crisis climática: Histórico pozo ya perdió más del 65% de intensidad

El cráter de Darvaza, conocido como la “Puerta del Infierno”, podría representar un problema ambiental aún mayor si sus llamas terminan extinguiéndose. Así lo explica un reportaje de National Geographic (NatGeo) sobre el histórico pozo de gas ubicado en Turkmenistán.

La formación del cráter ocurrió en 1971, cuando geólogos soviéticos perforaban el desierto de Karakum en busca de petróleo y gas natural. Durante los trabajos, el terreno colapsó sobre una caverna subterránea llena de metano, provocando un enorme hundimiento.

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Para evitar la liberación de gases tóxicos, los científicos decidieron prender fuego al pozo pensando que se apagaría en pocos días. Sin embargo, 55 años después el cráter sigue ardiendo y se convirtió en uno de los mayores atractivos turísticos del país.

El dilema ambiental del metano

Según observaciones satelitales independientes, las llamas han perdido entre un 65% y un 70% de intensidad. Aunque esto parece positivo, expertos advierten que el apagado total permitiría que el metano escape directamente a la atmósfera.

El problema es que este hidrocarburo posee un efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono. Mientras el fuego permanece activo, gran parte del gas se quema y se transforma en CO2, reduciendo parcialmente su impacto climático inmediato.

Investigaciones recientes detectaron emisiones de hasta 1.960 kilos de metano por hora entre 2022 y 2025. Por ello, científicos advierten que el fin de las llamas no resolvería el problema ambiental, sino que podría abrir la puerta a una amenaza climática todavía mayor.

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